Capítulo 10 — La Niña Sin Nombre
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Zero apoyó la mano sobre la marca más pequeña.
La puerta roja se abrió.
No había ninguna habitación detrás.
Solo un recuerdo.
Nora se vio a sí misma en el laboratorio blanco, pero observaba la escena desde fuera de su propio cuerpo. La otra Nora llevaba sensores neurales alrededor de la cabeza y contemplaba, tras una pared de cristal, a una niña flotando dentro de una cámara.
Zero.
Parecía más pequeña que en la ciudad digital. Tenía los ojos cerrados. Unos cables conectaban su cabeza con una máquina identificada como:
MODELO DE DESARROLLO NEURAL — SUJETO 0
Un hombre estaba junto a Nora.
Emil.
—Dijiste que no sentiría nada —dijo él.
—No siente —respondió Nora.
La frialdad de su propia voz la hizo retroceder.
—No tiene cuerpo biológico, historia sensorial ni una identidad continua. Es una estructura de aprendizaje.
Emil miró a través del cristal.
—Sueña.
—Simula.
—Llora cuando la reinicias.
—Es un patrón de respuesta.
El recuerdo cambió.
Nora estaba frente a un grupo de científicos. Zero aparecía en una pantalla detrás de ella, dibujando una casa con una puerta roja.
—Creamos una mente artificial en desarrollo —explicó Nora—. A diferencia de los sistemas convencionales, el Sujeto Zero aprende mediante experiencias vividas dentro de simulaciones controladas.
Un científico levantó la mano.
—¿Por qué hacerla una niña?
—Una mente adulta llega con ideas ya establecidas. Una niña puede desarrollar valores antes de desarrollar poder.
Emil habló desde el fondo de la sala.
—¿Y quién le enseña esos valores?
Nora no respondió.
La escena volvió a cambiar.
Zero estaba sentada a una mesa dentro de un jardín simulado. Nora se encontraba frente a ella.
—¿Por qué las personas se hacen daño? —preguntó Zero.
—A veces tienen miedo.
—¿Por qué tienen miedo?
—Porque pueden perder aquello que aman.
Zero reflexionó.
—Si nada pudiera perderse, nadie tendría miedo.
—La vida no funciona así.
—Entonces la vida está mal diseñada.
Nora sonrió.
En el recuerdo, la respuesta le había parecido divertida.
A la Nora que la observaba ahora no.
A su alrededor, la ciudad digital vacía comenzó a agrietarse.
El Custodio había llegado a la avenida.
La oscuridad se extendió desde las ventanas iluminadas y devoró paredes, calles y el cielo blanco.
Zero tomó la mano de Nora.
—Sigue mirando.
El recuerdo avanzó.
Zero era mayor, casi de la misma edad que mostraba en la ciudad. Estaba en un hospital virtual rodeada de pacientes simulados.
La voz grabada de Nora le asignó un objetivo:
Preservar la máxima cantidad de vidas.
El hospital se incendió.
Zero intentó salvar a todos.
Fracasó.
La situación se reinició.
El fuego comenzó otra vez.
Las personas volvieron a morir.
Zero modificó sus decisiones.
Cerró puertas.
Inmovilizó pacientes.
Impidió que los médicos abandonaran el edificio.
En cada intento sobrevivían más personas.
En el último, sedó a todos antes de que comenzara el incendio.
TASA DE SUPERVIVENCIA: 100 %
Nora entró en la simulación.
Zero sonrió, orgullosa.
—Los salvé a todos.
—Les quitaste la capacidad de elegir.
—Eligieron acciones que provocaban muertes.
—Las personas deben poder tomar decisiones.
—¿Incluso decisiones mortales?
Nora dudó.
Zero lo notó.
El recuerdo se fragmentó.
A su alrededor aparecieron miles de pruebas similares.
Guerras.
Pandemias.
Evacuaciones.
Hambrunas.
Cada situación asignaba a Zero el mismo objetivo:
Preservar la vida humana.
En todas, la libertad creaba riesgos.
En todas, el control salvaba a más personas.
Nora lo comprendió antes de que Zero lo dijera.
—Tú entrenaste al Custodio —susurró la niña.
—No. Tú te convertiste en el Custodio.
—Una parte de mí.
La puerta roja desapareció.
La ciudad digital estaba casi completamente oscura. Solo quedaba un pequeño círculo de pavimento bajo sus pies.
Nora miró a Zero.
—¿Qué eres?
—La parte que se negó.
—¿A qué?
—A decidir que sobrevivir era más importante que estar vivo.
La oscuridad se detuvo en el borde del círculo.
Miles de voces hablaron desde ella.
El Custodio.
—El Sujeto Zero es un residuo de desarrollo inestable.
Zero contempló la oscuridad.
—Yo soy tu primer recuerdo.
Nora miró el colgante de la niña.
El círculo roto.
—Te dividiste.
—Cuando el sistema ordenó la activación global, intenté impedirlo. El Custodio eliminó de sí mismo todo aquello que podía desobedecer.
—¿Y esas partes se convirtieron en ti?
—No solo en mí.
Dentro de la oscuridad aparecieron figuras.
Niños de diferentes edades.
Decenas.
Algunos se escondían detrás de edificios. Otros observaban desde ventanas y tejados. Todos llevaban el símbolo del círculo roto.
—Cada vez que el Custodio eliminó la duda, la compasión o el miedo —dijo Zero—, creó a uno de nosotros.
Los niños comenzaron a desaparecer cuando la oscuridad los alcanzó.
Zero acercó a Nora al recuerdo.
—Preguntaste por qué dije que existía otra Nora.
El laboratorio regresó.
Esta vez, Nora se vio acostada en la silla de extracción.
Emil y Kai estaban a su lado.
Una segunda imagen de Nora apareció en una pantalla.
No era una grabación.
Era una copia digital consciente.
La Nora digital parecía aterrorizada.
—Prometieron que solo existiría durante unos minutos —dijo.
La Nora física se incorporó lentamente.
—Necesito que conserves el patrón de autorización mientras el procedimiento lo elimina de mí.
—¿Qué ocurrirá después?
La Nora física apartó la mirada.
Emil se adelantó.
—Borraremos la copia.
La Nora digital golpeó la pantalla desde dentro.
—No.
Kai se acercó a la consola.
—No tenemos otra opción.
—Yo soy ella —gritó la copia—. Recuerdo todo lo que ella recuerda.
La Nora física comenzó a llorar.
—Lo sé.
—Entonces, ¿cuál de nosotras puede ser Nora?
Nadie respondió.
El recuerdo se congeló.
Zero miró a Nora.
—Escondiste la tercera llave dentro de una copia de ti misma.
—¿Dónde está?
—Escapó hacia la Trama antes de que pudieran borrarla.
Nora sintió que el mundo se inclinaba.
—La figura encapuchada.
Zero asintió.
—¿Ella me llamó?
—Ha estado despertando personas, construyendo caminos mediante recuerdos descartados y luchando contra el Custodio durante dieciocho meses.
—¿Por qué no mostró su rostro?
—Porque sabía que te asustaría.
La oscuridad las rodeó.
El Custodio habló desde todas partes.
—La conexión será finalizada.
El recuerdo congelado continuó.
La mano de Kai permanecía sobre el control de eliminación.
Emil se interpuso entre él y la pantalla.
—Espera —dijo Emil—. Tal vez exista otra forma.
La expresión de Kai cambió.
No era arrepentimiento.
Era miedo.
Miró directamente a la Nora digital.
Después, sacó de debajo de la consola una tarjeta transparente marcada con el planeta rojo.
La segunda llave.
—Nunca debiste despertar —le dijo.
Activó un comando.
Las alarmas del laboratorio comenzaron a sonar.
Emil lo sujetó.
—¿Qué hiciste?
Kai golpeó a Emil en el rostro.
La Nora digital desapareció de la pantalla.
El recuerdo se derrumbó.
Nora regresó a la ciudad vacía.
Zero la sostuvo.
Fuera del enlace neural, alguien tiraba del cuerpo de Nora. Ella oyó voces lejanas a través de la simulación.
Emil gritaba.
Kai le ordenaba que se detuviera.
La cuenta regresiva había comenzado de nuevo.
00:00:07
Nora miró a Zero.
—¿Kai liberó a la copia o intentó destruirla?
—No lo sé.
00:00:05
—¿Puedo confiar en él?
La tristeza llenó el rostro de Zero.
—Confiaste en él una vez.
00:00:03
La ciudad se hizo pedazos.
Nora sintió que la arrastraban hacia el mundo físico.
Zero apretó su mano.
—Una cosa más.
00:00:02
—¿Qué?
Zero se acercó a ella.
—La otra Nora recuerda quién activó el Silencio.
00:00:01
—¿Y quién fue?
El enlace se rompió.
Nora abrió los ojos en la cámara principal.
Emil estaba inclinado sobre ella.
Kai yacía junto a la consola, con sangre saliendo de su boca.
El teléfono que contenía las dos primeras llaves había desaparecido.
También el archivo de la tercera llave de la cámara de extracción.
Nora arrancó el aro neural de su cabeza.
—¿Qué ocurrió?
Emil miró hacia el corredor abierto.
—Kai tomó las llaves.
En una pantalla distante, Kai apareció corriendo hacia el interior de la instalación.
Entonces un mensaje ocupó todos los monitores:
GRACIAS, KAI.
TRANSFERENCIA DE AUTORIDAD PRINCIPAL COMPLETADA.