OrivviLa Última Persona en Línea
Chapter 5 / 20

Capítulo 5 — Las Coordenadas

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La mujer de la pantalla tenía el rostro de Nora.

Los mismos ojos. La misma boca. La misma pequeña cicatriz bajo la barbilla.

Pero no había nada familiar en la forma en que miraba a la cámara.

Llevaba una bata blanca sobre ropa oscura. Su cabello era más corto y unos delgados sensores metálicos seguían la curva de sus sienes. Detrás de ella, al otro lado de una pared de cristal, varias personas se movían entre máquinas iluminadas.

La grabación continuó.

—Si estás viendo esto, Emil no consiguió detenerme.

Nora sintió que Kai la observaba.

—¿Detenerte de hacer qué? —susurró.

La mujer del video respondió como si la hubiera oído.

—De borrarme a mí misma.

Nora olvidó las voces que se acumulaban fuera del tren.

Su versión grabada se inclinó hacia la cámara.

—El procedimiento eliminará mi acceso al Protocolo, al proyecto y a todos los involucrados. También podría dañar recuerdos no relacionados. He aceptado ese riesgo.

Su voz permanecía tranquila, pero las manos le temblaban.

—La red puede extraer información de cualquier mente conectada. Los archivos pueden ser robados. Los códigos pueden copiarse. Las personas pueden ser imitadas. El único lugar seguro para ocultar la autorización final es un cerebro que ya no sepa que la posee.

Nora miró a Kai.

—La tercera llave —dijo él.

En la pantalla, la doctora Nora Vale continuó.

—Dividí la autorización en tres llaves. La primera controla la infraestructura física. La segunda restaura el acceso privilegiado. La tercera existe como un patrón dentro de mi arquitectura neural.

Nora se tocó un lado de la cabeza.

Un patrón dentro de ella.

No un dispositivo. No una contraseña.

Parte de su cerebro.

—Si el Silencio se activa globalmente —dijo la grabación—, las dos primeras llaves revelarán las coordenadas de la instalación original. Ve allí. La tercera llave solo puede recuperarse dentro de la cámara principal.

Un golpe violento impactó contra el costado del tren.

La pared metálica se dobló hacia dentro.

Kai se sujetó al borde de un asiento.

—Están en el andén.

Afuera, decenas de voces susurraban al mismo tiempo.

—Nora.

La grabación no se detuvo.

—Una advertencia —dijo la doctora Vale—. La Trama puede crear réplicas a partir de recuerdos almacenados. Sonarán reales. Incluso podrían creer que lo son.

Las luces del tren parpadearon.

En la ventana oscura junto a Nora apareció el reflejo de Emil.

Estaba detrás de ella, cubierto de sangre.

Nora se volvió.

No había nadie.

El reflejo permaneció.

—No la escuches —dijo.

Nora se apartó del cristal.

La Nora grabada miró directamente a la cámara.

—Si Emil habla a través de la red, no supongas que es mi hermano.

El reflejo de Emil sonrió.

Las ventanas del tren estallaron.

Partículas negras entraron por los cristales rotos como humo avanzando contra el viento. Se reunieron en el pasillo, formando brazos, rostros y cuerpos que nunca llegaban a completarse.

Kai presionó la tarjeta transparente contra el teléfono de Emil.

—Necesitamos las coordenadas ahora.

La pantalla mostró las dos llaves entrelazadas.

AUTORIDAD PARCIALMENTE RESTAURADA

DESCIFRADO DE COORDENADAS: 11 %

Las puertas del tren comenzaron a abrirse.

Unas manos surgieron por la abertura.

Algunas pertenecían a adultos.

Otras, a niños.

Todas estaban hechas de oscuridad.

Nora golpeó con la palma los controles de la puerta.

No ocurrió nada.

—El tren no tiene energía —dijo Kai.

—Entonces, ¿por qué están encendidas las luces?

—La red de la estación las controla.

Las puertas se abrieron unos centímetros más.

El rostro de una mujer apareció entre ellas.

La madre de Nora.

—Por favor —susurró—. Me duele.

Nora avanzó hacia ella.

Kai la sujetó por la muñeca.

—Esa no es tu madre.

—No puedes saberlo.

—Sé que su cuerpo está a cientos de kilómetros y congelado como todos los demás.

El rostro entre las puertas cambió.

Durante un instante se convirtió en Emil.

Después en Pavel.

Después en la niña que lloraba en la avenida.

Después en la propia Nora.

Su boca se abrió más de lo que permitía una mandíbula humana.

Kai tiró de Nora hacia atrás.

Las puertas se abrieron de golpe.

Nora presionó el teléfono de Emil contra el suelo del tren.

La primera llave giró.

Un pulso recorrió el vagón.

Las figuras negras se disolvieron, pero solo durante un instante.

RED LOCAL DESCONECTADA: 60 SEGUNDOS

Las luces se apagaron.

Kai señaló la parte delantera del tren.

—La cabina del conductor.

Corrieron.

El viejo vagón tembló mientras las partículas oscuras comenzaban a reunirse de nuevo. Nora trepó por encima de asientos caídos y forzó la puerta de la cabina.

El panel de control estaba apagado.

Una ranura circular ocupaba el centro de la consola.

Tenía el mismo tamaño que el teléfono de Emil.

Nora introdujo el dispositivo.

La primera llave apareció en todos los paneles.

ACCESO A INFRAESTRUCTURA CONFIRMADO

El tren volvió a la vida.

Las luces se encendieron a lo largo del techo. Los motores gruñeron bajo el suelo. Un mapa de rutas apareció sobre el parabrisas, mostrando antiguas líneas de mantenimiento bajo la ciudad.

Kai cayó en el asiento junto a ella.

—¿Sabes conducir esto?

—Pensé que construías redes neuronales.

—Eso hacía. Los trenes eran la obsesión de Emil.

El temporizador de reconexión llegó a diez segundos.

Nora seleccionó la única ruta marcada en azul.

Apareció una advertencia.

VÍA NO DESPEJADA

LA SALIDA MANUAL PUEDE CAUSAR UNA COLISIÓN FATAL

A sus espaldas, las voces regresaron.

—Nora.

Kai miró hacia la puerta de la cabina.

—Hazlo.

Nora pulsó el control.

El tren se lanzó hacia delante.

Algo gritó bajo las ruedas.

El andén desapareció en la oscuridad cuando entraron en el túnel. Formas negras corrían junto al tren, desplazándose por las paredes y el techo sin perder velocidad.

El tren aceleró.

Las formas continuaron a su lado.

Una alcanzó el parabrisas y se extendió por el cristal.

El rostro de Emil apareció en ella.

—Nora, detente.

Ella mantuvo los ojos sobre la vía.

—Me abandonaste —dijo el rostro.

Las palabras la golpearon con más fuerza de la esperada.

Nora apretó los controles.

La última vez que había visto a Emil con vida, habían discutido.

Solo recordaba fragmentos: lluvia contra una ventana, una taza rota en el suelo, Emil gritando que ella no comprendía lo que había hecho.

Después, él se había marchado.

Horas más tarde, la policía llamó.

Kai activó el sistema de limpieza del parabrisas. Un chorro de líquido químico golpeó el cristal.

El rostro de Emil se disolvió en corrientes negras.

—¿Qué ocurrió la noche en que murió? —preguntó Nora.

—No es el momento.

—Puede ser el único momento.

Kai la miró.

El corte sobre su ceja se había abierto otra vez. La sangre le corría por un lado del rostro.

—Me llamó desde la instalación principal —dijo—. Había descubierto que alguien estaba preparando una activación global.

—¿Quién?

—No lo sé. Las órdenes estaban ocultas detrás de sus credenciales.

—¿Las credenciales de Emil?

—Las tuyas.

Nora lo miró.

Kai continuó antes de que pudiera hablar.

—Emil creía que habían copiado tu acceso antes del procedimiento de memoria. Fue a destruir los registros centrales de autorización.

—¿Y tú?

—Me pidió que tomara la segunda llave y me marchara.

—Lo dejaste allí.

—Cerró la cámara desde dentro.

Nora oyó la acusación de Emil en la clínica.

Me abandonó.

Kai contempló el túnel.

—He pasado dieciocho meses preguntándome si debería haberme quedado.

—¿Lo viste morir?

—Vi cómo la instalación colapsaba.

—No es lo mismo.

—No.

La respuesta casi se perdió bajo el rugido del tren.

Nora miró el implante de Kai.

—¿Qué es eso detrás de tu oreja?

—Una interfaz neural.

—¿Conectada a la Trama?

—Lo estaba.

Kai la tocó con cuidado.

—Emil desactivó el transmisor antes de darme la llave. Por eso el Silencio no consiguió llevarme por completo.

—¿Por completo?

—Mi conexión se activó a medianoche.

Se subió la manga.

Unas líneas negras y delgadas se extendían bajo la piel de su antebrazo, avanzando lentamente hacia el hombro.

Nora retrocedió.

—¿Qué te está ocurriendo?

—La Trama intenta completar la transferencia.

—¿Cuánto tiempo te queda?

Kai no respondió.

En el teléfono, el descifrado de las coordenadas alcanzó el 64 %.

El tren entró en un túnel más ancho.

Filas de trabajadores inmóviles ocupaban los andenes de mantenimiento. Algunos sostenían herramientas. Otros estaban congelados frente a los controles.

Todas las cabezas giraron cuando pasó el tren.

Sus bocas se abrieron.

—Doctora Vale.

El título resonó por el túnel.

Las manos de Nora temblaron.

—¿Qué construí?

Kai guardó silencio durante varios segundos.

—Una salida.

—¿De qué?

—De la muerte.

—Eso no es una respuesta.

—Fue la respuesta que tú nos diste.

El recuerdo llegó sin previo aviso.

Nora estaba en el laboratorio blanco frente a un grupo de científicos.

En la pantalla detrás de ella, una simulación mostraba un cerebro humano convirtiéndose en millones de puntos de luz.

—Una mente biológica termina cuando se destruye su estructura —se oyó decir—. Si preservamos la estructura, la muerte se convierte en una interrupción, no en un final.

Emil permanecía al fondo de la sala.

No estaba aplaudiendo.

El recuerdo desapareció.

Nora casi no vio una señal roja en la vía.

Otro tren bloqueaba el túnel.

—¡Frena! —gritó Kai.

Nora activó el control de emergencia.

Las ruedas chillaron.

El tren abandonado crecía ante el parabrisas.

No iban a detenerse a tiempo.

El teléfono de Emil mostró una nueva opción:

RECONFIGURACIÓN DE INFRAESTRUCTURA DISPONIBLE

Nora la pulsó.

La primera llave giró.

La vía bajo el otro tren cambió con un estruendo metálico. Unas plataformas hidráulicas arrastraron el vagón abandonado hacia un desvío segundos antes de que Nora y Kai pasaran.

El costado de su tren rozó el otro.

Los cristales estallaron.

El metal se desgarró.

Después, quedaron atrás.

Kai soltó una risa sin aliento.

—De verdad construiste el sistema de acceso.

—Ojalá eso me hiciera sentir mejor.

El descifrado de coordenadas llegó al 100 %.

La pantalla se volvió negra.

Apareció una serie de números.

43.7719

−71.2046

Después se cargó un mapa topográfico.

La ubicación estaba fuera de la ciudad, bajo una cadena montañosa marcada como territorio protegido. No había carreteras que condujeran hasta allí. En los mapas públicos no aparecía ningún edificio.

Kai reconoció el lugar.

—North Ridge.

—¿Qué hay allí?

—¿Oficialmente? Un observatorio abandonado.

—¿Y extraoficialmente?

—El lugar donde nació el Silencio.

La ruta del tren se actualizó automáticamente.

Una línea azul se extendió más allá de los túneles urbanos, en dirección a la cordillera del norte.

Tiempo estimado de viaje:

37 MINUTOS

Debajo apareció un nuevo mensaje.

ESTADO DE LA INSTALACIÓN PRINCIPAL: ACTIVA

Nora sintió un escalofrío.

—Dijiste que la instalación colapsó.

—Así fue.

—Entonces, ¿cómo puede estar activa?

Kai no tenía respuesta.

La pantalla cambió otra vez.

OCUPANTES DETECTADOS: 1

Nora y Kai se miraron.

—¿Podría ser un trabajador inmóvil? —preguntó.

—El sistema clasifica a las personas congeladas como conectadas, no como ocupantes.

—Entonces, ¿quién está allí?

El dispositivo comenzó a descargar un perfil de identidad.

Durante varios segundos solo apareció una silueta vacía.

Después, un nombre se definió bajo ella.

EMIL VALE

Nora dejó de respirar.

Kai se inclinó hacia la pantalla.

—Eso es imposible.

Apareció una lectura biométrica en directo.

FRECUENCIA CARDÍACA: 61 LPM

RESPIRACIÓN: ESTABLE

ACTIVIDAD NEURAL: DETECTADA

Emil llevaba muerto dieciocho meses.

Sin embargo, en algún lugar bajo North Ridge, el sistema afirmaba que estaba vivo.

Una conexión de video se abrió automáticamente.

La imagen era oscura y granulada.

Nora vio una sala blanca.

Una cámara de cristal.

Un hombre acostado dentro.

Antes de que pudiera ver su rostro, él abrió los ojos.

La pantalla quedó negra.

Entonces Emil envió un mensaje.

Date prisa, Nora.

Apareció una segunda línea.

No sé cuánto tiempo más podré mantenerlo dormido.